¡Carretera, embutido y zapatillas! Nuestra loca ruta familiar en autocaravana
Viajar en autocaravana en familia es una fantasía... hasta que te topas con la realidad de las carreteras. El pasado fin de semana nos echamos a la espalda una ruta épica que combinó monumentos, sobredosis de ibéricos, senderos prehistóricos, un cumpleaños de cambio de década y playas portuguesas. Todo esto coronado por nuestra hija Chloe (7 años), que pasó de niña a "corredora de maratón" en tres días.
¡Sujetaos los cinturones, que os cuento cómo sobrevivimos (y disfrutamos) a este viaje!
📅 Viernes: El complot de la A-52 y la noche exprés en Zamora
Nuestra idea era arrancar el viaje con un idílico paseo nocturno por Zamora. La realidad fue que la autovía A-52 decidió ponerse en obras justo ese viernes por la tarde. ¿El resultado? Retenciones infinitas, tráfico de infarto y caras de poema. Llegamos tan tarde, cansados y con los ojos cuadrados al área de autocaravanas que literalmente solo aparcamos y caímos redondos a dormir. ¡Zamora, nos debes una visita en condiciones!
📅 Sábado: Ranas espaciales, fiesta de la uva y embutido premium
• Salamanca en modo "búsqueda del tesoro": El sábado nos desquitamos en Salamanca. Aparcamos la bicha y fuimos directos al centro histórico. Por supuesto, entramos a la Catedral y cumplimos con los dos sacramentos obligatorios del buen turista: encontrar al astronauta esculpido en la puerta y tirarnos media hora con el cuello torcido buscando la famosa rana en la fachada de la Universidad. ¡Prueba superada!
• Miranda del Castañar nos recibe de fiesta: Pusimos rumbo a la Sierra de Francia y al llegar a Miranda del Castañar... ¡sorpresa! Nos metimos de lleno en la Fiesta de la Vendimia. Había un ambientazo increíble, música y olor a vino rico. Para rebajar los ánimos fiesteros, hicimos un tramo del Bosque de los Espejos, una senda circular preciosa donde vas esquivando árboles y encontrando esculturas mágicas escondidas en la naturaleza.
• Mogarraz: Operación "Los 70 de papá": Terminamos el día en Mogarraz, el pueblo donde las fachadas te miran (literalmente, está lleno de retratos pintados de sus antiguos vecinos). Allí vaciamos la cartera comprando embutidos locales y una paleta ibérica espectacular. El motivo lo merecía: ¡celebrar los 70 añazos de mi padre! Cenar semejante manjar en la autocaravana, en mitad de la sierra y en familia, fue un lujo insuperable.
📅 Domingo: Despensa llena, cuevas prehistóricas y salto a Portugal
• A por el pan a La Alberca: Empezamos el domingo en La Alberca arrasando en las tiendas locales. Compramos pan tradicional, más embutido (nunca es suficiente) y provisiones para llenar la despensa de la autocaravana.
• Senderistas nivel experto en Las Batuecas: Con el estómago contento, nos fuimos al Valle de Las Batuecas para hacer la caminata hasta las pinturas rupestres del Canchal de las Cabras Pintadas. Un entorno salvaje precioso. Ojo al dato: Chloe, con sus 7 añitos, trotó lo que no está escrito. Iba a un ritmo que los adultos tuvimos que pedir la hora. ¡Qué energía!
• Vistas de vértigo y parada técnica: De camino, paramos en el Mirador del Portillo a hacernos unas fotos con unas vistas de infarto a más de 1.200 metros. Después, parada rápida para estirar las piernas en la preciosa Ciudad Rodrigo y, ahora sí, ¡carretera y manta hacia Portugal! Condujimos hasta el área de autocaravanas de Cambra, un sitio súper tranquilo donde pudimos pernoctar en paz.
📅 Lunes: Aveiro y los 10 kilómetros de la discordia
• Canales y colorinchis: El lunes amanecimos listos para devorar Portugal. Primera parada: Aveiro. Disfrutamos un montón con sus canales y los barcos moliceiros de colores que parecen góndolas pero en versión portuguesa.
• Maratón playera en Praia da Barra: Por la tarde fuimos a los famosos Passadiços de Praia da Barra. Al principio el plan era "un paseo relajante al lado del mar y el faro"... pero nos vinimos arriba y ¡terminamos haciendo 10 kilómetros en total por las pasarelas de madera! Chloe seguía con el turbo puesto y nos dejó a todos en evidencia.
• El premio final: Como la pequeña de la casa se había metido una kilometrada digna de atleta olímpica sin una sola queja, se ganó con creces el premio gordo del viaje: un helado gigante en uno de los chiringuitos de la playa viendo romper las olas del Atlántico. Una recompensa dulce para cerrar un viaje en familia inolvidable.
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